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Cama de hospital | Fuente: Shutterstock
Cama de hospital | Fuente: Shutterstock

Chico se niega a donar hígado para salvar la vida de su madre, todo cambia después de una reunión no deseada - Historia del día

Mayra Pérez
Por Mayra Pérez
25 sept 2021
12:40

Me negué a donar parte de mi hígado para salvar la vida de mi madre biológica porque me sentía despreciado por ella. Pero todo cambió después de una reunión no deseada.

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Descubrí que era adoptado cuando cumplí 16 años. Mis padres biológicos tuvieron que renunciar a mí porque no tenían los medios para cuidarme cuando nací.

Meses después de mi nacimiento, los servicios sociales se hicieron cargo de mí y terminé con unos padres que deseaban un bebé. Mis padres adoptivos son Beatriz y Rodolfo, y realmente me aman.

Imagen con fines ilustrativos. | Fuente: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Fuente: Pexels

Crecí rodeado de tres hermanos que hacían de mi vida algo maravilloso. La verdad es que tengo una vida muy feliz, una que probablemente no habría tenido si me hubiese quedado con mis padres biológicos.

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Un día, de la nada, ellos se comunicaron con mi familia adoptiva. Mi madre biológica necesitaba un trasplante de hígado y, aunque estaban en lista de espera, temían que fuera demasiado tarde. Su situación se había deteriorado rápidamente.

Supe que tenían otro hijo, pero lo descartaron como donante porque aún era muy pequeño. Ellos querían que mis padres me hicieran una prueba de compatibilidad y que le donara una parte de mi hígado a mi madre biológica.

Beatriz y Rodolfo son padres muy responsables, así que decidieron consultarme antes de tomar cualquier decisión. “Bueno Eduardo”, dijo mi padre después de darme la noticia. “Puedes decidir ayudar a tus padres biológicos, pero también tienes la opción de decir que no”.

“Así es, cariño”, dijo mi mamá. “Todo depende de ti. Estamos preparados para apoyar la decisión que tomes”.

Imagen con fines ilustrativos. | Fuente: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Fuente: Pexels

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Estaba perdido en mis pensamientos. “¿Sabes qué, cariño? ¿Por qué no duermes y nos avisas por la mañana?”, sugirió Rodolfo. Estuve de acuerdo y a la mañana siguiente les di mi respuesta.

“No lo haré”, dije. “No los conozco en absoluto. No han sido parte en mi vida y no pueden esperar que yo esté disponible para ellos solo porque de repente me necesitan”.

Mis padres adoptivos apoyaron mi decisión y comunicaron mi respuesta a mis padres biológicos, quienes estaban furiosos. Al día siguiente, enviaron a Rodolfo y Beatriz una carta desagradable.

“Estamos en nuestro derecho de pedirle a nuestro hijo que done su hígado. No es que lo necesitemos para comer, lo necesitamos para mantener viva a su madre biológica y si se niega a ayudarnos, podemos iniciar acciones legales, lo que resultaría en que lo hiciera por la fuerza. Nos gustaría evitar ese escenario, así que esperamos que puedan convencerlo de que reconsidere su decisión”.

Cuando Rodolfo y Beatriz leyeron la carta, se pusieron furiosos. “¿Quiénes se creen ellos para venir con esas exigencias?”, preguntó mi madre.

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“¿Cómo nos localizaron?”, se preguntó mi padre enojado. “Fue una adopción cerrada, por lo que todos los detalles deben ser confidenciales”.

Yo también estaba furioso por la audacia de mis padres biológicos. Simplemente no podían esperar que me sintiera en deuda con una familia de la que nunca he formado parte.

Unos días después, mi padre biológico, Armando, vino a verme. Una vez más, a mis padres les sorprendió que pudiera rastrearnos tan fácilmente. Rodolfo quería pelear, pero Beatriz lo calmó.

“Cariño, ya está aquí”, dijo. “Al menos vamos a escucharlo”.

Imagen con fines ilustrativos. | Fuente: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Fuente: Pexels

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Mi papá Rodolfo finalmente estuvo de acuerdo, y me llamaron a la sala de estar. Me negaba a salir de mi habitación para hablar con Armando, así que Beatriz tuvo que acercarse para convencerme.

“Solo escucha lo que tiene que decir y podemos echarlo después”, me aseguró.

La agradecí porque, gracias al amor que sentía por ella, nunca podía negarme a nada que me pidiera. Beatriz se había entregado a criarme y, a diferencia de mis padres biológicos, se había esforzado mucho en hacerme sentir deseado y amado.

Cuando vi a Armando, me sorprendió nuestro parecido. Me quedé mirándolo fijamente mientras hablaba. Finalmente, me convenció de ir a su casa con él para una visita que supuestamente me haría cambiar de opinión.

Estaba muy seguro de que nada podía hacerme cambiar mi decisión, pero acepté de todos modos y nos fuimos a su casa. Lo primero que vi al entrar fue a un niño de un año al que Armando identificó como mi hermano.

Imagen con fines ilustrativos. | Fuente: Pexels

Imagen con fines ilustrativos. | Fuente: Pexels

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Lo miré y me di cuenta de que su futuro dependía de mi decisión. Si me negaba, el niño perdería a su madre, lo que sería muy doloroso.

Todavía estaba muy enojado con mis padres biológicos, pero acepté ayudarlos para que mi hermano pequeño pudiera crecer con sus dos padres.

Después de una operación exitosa, les pedí a mis padres biológicos que no volvieran a contactarme. Respetaron mis deseos, y hoy me siento feliz de que otro niño tenga una infancia alegre con una familia completa.

¿Qué aprendimos de esta historia?

  • No pagues las malas acciones con más maldad: Eduardo quería ignorar la petición de ayuda de sus padres biológicos, y lo habría hecho si no hubiera visto a su hermano menor, quien crecería sin una madre. Cambió de opinión y logró mirar más allá de su ira para salvar a su madre biológica.
  • Nunca tomes decisiones cuando estás lleno de rabia: Eduardo estaba muy enojado cuando se negó a ayudar a sus padres biológicos. Le molestaba que lo hubieran dado en adopción, y si hubiera dejado que esa ira lo dominara, su madre biológica habría muerto y su hermano menor habría crecido sin conocer el amor de una madre.
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Este relato está inspirado en la vida cotidiana de nuestros lectores y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

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