logo
Anciano y niño en un parque. | Foto: Getty Images
Anciano y niño en un parque. | Foto: Getty Images

Anciano paga la educación de su único amigo a sabiendas de que no tiene dinero: luego se encuentra con él en yate de lujo - Historia del día

Mayra Pérez
Por Mayra Pérez
21 sept 2022
22:00

Un anciano solitario se hace amigo de un joven brillante y muy pobre de su barrio. Más tarde decide ayudarlo a lograr su sueño, y su amabilidad no se olvida.

Publicidad

Albert estaba cansado de la vida. “¿Por qué no me muero?”, le preguntó a Dios. “¿Qué estoy haciendo aquí, desperdiciando oxígeno? Mi esposa está muerta, mis amigos están muertos. ¡Déjame ir!”.

Pero una voz tranquila habló en el corazón de Albert: “Todavía tienes trabajo que hacer, y muchos buenos momentos para disfrutar”. Sabía que no iba a descansar pronto.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Unsplash

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Unsplash

El hombre negó con la cabeza. “¿Por qué siquiera hablo contigo?”, se quejó. “¡Nunca me dices lo que quiero escuchar!”.

Publicidad

La voz en la cabeza de Albert sonaba divertida. “¡Porque eres tan cascarrabias que nadie más te escuchará!”.

Albert refunfuñó, pero supuso que la voz tenía razón. Estaba triste, enojado y solo, y tendía a alejar a la gente, incluso sin querer.

Decidió ir a sentarse en su porche y trabajar en algunos nudos. Albert había sido sargento de la Marina y, a veces, para divertirse, hacía los diferentes nudos y los enmarcaba.

Estaba atando un nudo complejo cuando se dio cuenta de que tenía compañía. Había un niño colgado en su cerca, observándolo. “¿Qué quieres?”, preguntó con su voz áspera.

“Hola, señor”, dijo el niño. “¿Qué estás haciendo? ¡Parece bueno interesante!”.

“Bien interesante”, lo corrigió Albert. “Si quieres hablar conmigo, hazlo correctamente”.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Unsplash

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Unsplash

Publicidad

“Sí, señor”, dijo el niño. “¿Qué estás haciendo?”.

“Estoy haciendo nudos”, dijo Albert. “Antes, en los barcos de vela, estos nudos eran todo lo que se interponía ante un marinero y una muerte segura”.

La boca del niño se abrió y sus ojos se agrandaron como platos mientras escuchaba las historias de Albert sobre el mar y los grandes barcos y todo tipo de aventuras.

A partir de ese día, el niño, Robert, estaba allí para escuchar las historias del hombre todos los días después de la escuela. Albert notó que el niño estaba demasiado flaco, así que comenzó a hacerle sándwiches.

Se enteró de que el niño tenía siete hermanos y que la familia estaba pasando apuros. “Mi hermano Fred trabaja en el aserradero”, dijo Robert. “Supongo que tan pronto como cumpla dieciocho estaré trabajando allí también”.

“¿Y qué hay de la universidad?”, preguntó Albert. “Eres un niño inteligente, podrías llegar lejos”.

Publicidad

Robert se encogió de hombros. “Nadie en mi familia ha ido nunca a la universidad. Mi mamá dice que no sirve de nada soñar con lo que no puedes tener”, dijo.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Unsplash

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Unsplash

“¿Y tú qué quieres, Robert?”, preguntó Albert en voz baja. “Los sueños imposibles cambian el mundo, ¡recuérdalo!”.

“Quiero ser abogado”, confesó Robert. “Pero…”.

“Veremos qué nos depara el futuro”, dijo Albert. “¡Solo estudia y asegúrate de que cuando llegue tu oportunidad, estés listo!”.

Publicidad

Los años pasaron. Robert creció y Albert siguió´envejeciendo, y se convirtieron en los mejores amigos.

“Este es tu último año, ¿verdad, Robert?”, preguntó Albert.

Robert asintió y dijo: “Sí, el año que viene empiezo en el aserradero. Mi papá ya habló con el jefe”.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Pexels

Publicidad

“¿Qué pasa con la universidad?”, preguntó Albert, muy molesto. “¡Siempre has querido ir a la universidad!”.

“Ese era nuestro pequeño sueño, Albert”, dijo Robert con tristeza. “Pero no hay dinero para la universidad”.

“¡Claro que hay!”, dijo Albert. Se levantó, fue a su escritorio y sacó su chequera. Escribió un cheque y se lo dio a Robert. “Eso es para la matrícula del primer año, más los gastos de manutención”.

“¡No puedo tomar tu dinero, Albert!”, protestó Robert.

“Robert, tengo 79 años”, dijo el anciano. “No pago el alquiler y no como mucho. Mi esposa y yo nunca tuvimos hijos, así que el dinero se ha ido acumulando. Quiero que lo tengas. Por favor, déjame sentir que he ayudado a alguien a tener una vida mejor”.

Robert tomó el dinero ese año, y los próximos años hasta la graduación. Una vez que aprobó el examen de la barra, comenzó a trabajar muy duro.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Unsplash

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Unsplash

Publicidad

El día que Albert cumplió 89 años, apareció Robert. “¡Vamos, viejo!”, le dijo. “¡Vamos a dar una vuelta!”.

Robert llevó a Albert al puerto deportivo y los dos hombres dieron un paseo.

“¿Qué piensas de este?”, preguntó Robert, señalando un elegante yate de lujo a su viejo amigo.

“Impresionante”, dijo Albert. “¡Se ve limpio como un alfiler y también debería manejarse bien en aguas bravas!”.

“¿Por qué no lo sacamos?”, preguntó Robert, sonriendo.

Albert exclamó. “¿Es tuyo? ¿En serio?”.

Robert abrazó a su viejo amigo. “Así es, Albert, es parte del sueño imposible que me dijiste que alcanzaría, ¡pero no tendría nada de eso si no fuera por ti!”.

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Unsplash

Imagen con fines ilustrativos | Foto: Unsplash

Publicidad

¿Qué podemos aprender de esta historia?

  • Si ayudamos a alguien a tener una vida mejor, hemos hecho algo que vale la pena: Albert estaba encantado de ayudar a Robert a convertirse en abogado y hacer realidad sus sueños.
  • No te rindas porque tus sueños parezcan imposibles: Es cuando alcanzamos lo imposible que cambiamos el mundo para mejor.

Comparte esta historia con tus amigos. Podría alegrarles el día e inspirarlos.

Este relato está inspirado en la vida cotidiana de nuestros lectores y ha sido escrito por un redactor profesional. Cualquier parecido con nombres o ubicaciones reales es pura coincidencia. Todas las imágenes mostradas son exclusivamente de carácter ilustrativo. Comparte tu historia con nosotros, podría cambiar la vida de alguien. Si deseas compartir tu historia, envíala a info@amomama.com.

Publicidad
Publicidad
Publicaciones similares

Una antigua maestra no tenía dinero para una cirugía costosa – Un día, una gran multitud apareció cerca del hospital

20 de mayo de 2026

Mi abuela se negó a hablar del verano de 1968 – Luego un desconocido llegó a su funeral

29 de mayo de 2026

Perdí a mi esposa embarazada en un choque automovilístico – 7 años después, vi a una mujer mendigando con un niño pequeño que me hizo palidecer

07 de julio de 2026

Mi hijo desapareció en un campamento de verano en las montañas – 10 años después, me di cuenta de que se me había pasado por alto la pista más importante

02 de julio de 2026

Los pasajeros estaban furiosos con el anciano que ponía música a todo volumen en el tren – Hasta que reveló la conmovedora razón

04 de junio de 2026

Volví a casa de un viaje de trabajo y me encontré a mi hija durmiendo en la cocina – Cuando abrí la puerta de su habitación de niña, me quedé pálida

24 de julio de 2026

Le leía libros a un hombre ciego y solitario todos los domingos – Tras su fallecimiento, su abogado me pidió que asistiera a la lectura de su testamento

17 de junio de 2026

Un anciano se presentó en mi casa con un bebé en sus brazos

03 de junio de 2026

Mi gemela desapareció durante un retiro de senderismo de la iglesia con nuestra mamá – Un año después, abrí la Biblia de mamá y descubrí la devastadora verdad

30 de junio de 2026

Compré un sofá viejo en una venta de garaje – Tres días después, alguien intentó entrar a la fuerza a mi departamento por él

21 de mayo de 2026

Cada día, mi hijo adolescente alimentó a un anciano sin hogar que vivía cerca de la iglesia – Luego los oficiales llamaron y dijeron que no era quien decía ser

23 de abril de 2026